Mostrando las entradas con la etiqueta La Resaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta La Resaca. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de noviembre de 2012

Fondo Crítico


La resaca, de Enrique A. Laguerre

Edición anotada de Marithelma Costa
San Juan: Editorial Plaza Mayor, 2009
592 páginas

Daniel Torres

Publicada en la serie “Clásicos comentados de la literatura puertorriqueña”, de la editorial Plaza Mayor en San Juan, esta edición anotada de un clásico de nuestras letras es todo un acontecimiento. Rescatar autores como Don Enrique Laguerre (1905–2005) no es nada fácil. No sólo por la complejidad de su obra, sino también por la labor titánica de anotar y editar un volumen de 592 páginas. El texto de la novela está acompañado de una introducción con la biografía del autor, un contexto histórico orgánico, así como un breve repaso del siglo XIX isleño, desde las teorías de la formación o construcción de la nación; para ilustrar a los lectores y a las lectoras sobre el continuum histórico-social en el que se desarrollala obra. [Sigue]

lunes, 29 de marzo de 2010

Fondo Crítico

Una lectura dolorosa: La Resaca, de Enrique Laguerre

Alfredo Villanueva Collado

Debo confesar que al terminar una segunda lectura de La resaca, en la edición crítica que Marithelma Costa ha preparado admirablemente para Plaza Mayor, me encontraba perplejo en cuanto a cuál derrotero seguir, qué enfoque tomar frente a una novela que me había causado bastante desazón. Lo que leí de la crítica puertorriqueña no me satisfizo, ya que divergía radicalmente de mi propia lectura del texto.

En su análisis de la novela, Costa cita el comentario más acertado sobre la misma, el de Concha Meléndez, quien define el tema central como “la derrota de las ansias revolucionarias de los patriotas puertorriqueños en las “aguas muertas” de la indiferencia, el egoísmo y la abulia. El título, La resaca, es una definición simbólica del tema: en la novela, el (549) retroceso de la idea revolucionaria, la persecución y captura de los rebeldes y la muerte del protagonista en el río subterráneo del neblinoso Yukiyú, son la resaca desoladora . . .” (548-549). Meléndez define algunas de las causas de mi desazón.

Otros críticos han preferido aportar comentarios más positivos a tono con la puertorriqueñísima premisa crítica de que “si no puedes decir nada bueno, no digas nada”. José Juan Beauchamp la llama “novela de la tierra” (88). Luis O. Zayas “quijotiza” al protagonista, lo tilda de “auténtico revolucionario dentro del contexto nacional” (226) y de “héroe”, dándole a su madre, la trastornada Lina, el concomitante título de “heroína” (205). También señala, como recoge Costa en su valoración de la novela que sigue al texto, que “el protagonista repite aquí la gesta mítica de la historia puertorriqueña . . . arrancando del mito fundacional–representado por la leyenda de Uroayán–y condensándolo en las hazañas de su héroe” (549). Cabe preguntarse si Puerto Rico tiene una verdadera gesta histórica, qué mitos la sustentan, o si tal gesta es una construcción cultural para justificar el fracaso del proyecto fundacional.

Leer

miércoles, 11 de febrero de 2009

En el Tintero

La Resaca, de Enrique Laguerre
(Fragmentos de su Introducción)

Marithelma Costa

Biografía del autor

Enrique Laguerre siempre afirmó que había nacido, como consta en su acta de nacimiento, el 3 de mayo de 1906. Sin embargo, cinco meses antes de morir, el 8 de enero del 2005 dio a conocer el secreto de su doble aniversario:

“Sucede que tengo dos fechas de nacimiento. La oficial es el 3 de mayo de 1906, que es lo que aparece en las biografías. Pero, en realidad, nací el 15 de julio de 1905 […] Esa es la fecha oficial porque antes los que vivíamos en el campo, nos inscribían fuera de tiempo; y mi diferencia es de ocho meses”. [, consultado el 30 de mayo de 2007].

Había guardado el secreto para no desmentir la información que circulaba sobre su persona desde que en 1935, con la publicación de La llamarada, se convirtiera en una figura pública. Y cuando en el 2005 se inició el año de su centenario, decidió llevarse el gato al agua y hacer público que era un año mayor de lo que se pensaba. Esta doble fecha para un nacimiento, la real y la oficial, es el producto de una época en que las comunicaciones eran muchísimo menos fluidas de lo que son hoy, y la forma más común de moverse en la Isla era a caballo, en carreta de bueyes o a pie. Y este es el mundo que el autor vive durante su niñez y recrea en sus primeras novelas.

Laguerre se cría en el Barrio Aceitunas de Moca junto a seis hermanos, en una casa de madera rodeada de mogotes y cerros de piedra caliza. Sus padres, Juan Nepomuceno Laguerre González (conocido como Zenón) y Anastasia Vélez Vargas, eran dueños de doscientas cuerdas de tierra donde se producía azúcar, café y frutos menores. Su abuela materna, Juana Vargas llega a Puerto Rico de Islas Canarias hacia 1880 y la paterna, Monserrate González, de Santo Domingo. Al parecer, sus abuelos vinieron de Nigeria o Senegal. El escritor crece justo en la frontera entre los cañaverales de los llanos costeros –que en ese momento le estaban ganando terreno a los cultivos de café– y las tradicionales haciendas cafetaleras de las montañas.

Más